Nota del autor

Todo lo expuesto en este blog corresponde, sólo y exclusivamente, a la inquieta mente de su creador, por lo que, cualquier parecido con personas y/o situaciones reales, es sólo producto de la casualidad.

jueves, 7 de diciembre de 2017

el final...

Llegó el momento. Quizá Ramoncito siempre lo supo, pero quería hacerse a la idea de que esto era lo suyo, y aferrarse al clavo ardiendo que significaba el estar trabajando en aquello para lo que había estudiado. Pero no, en ninguna facultad hay una asignatura que le enseñe a uno a aguantar el desprecio absoluto por parte de algunos facultativos, ni a saber cómo hay qué afrontar que un cliente te insulte, ni a saber qué cara pondrá tu jefe cuando venga a despedirte, para así estar preparado cuando venga con ella puesta. 

Ramoncito, hace muchos años, estudió una carrera universitaria (sí, señora, el título no se lo habían dado al comprar tres bolsas de "matutano") en la que sus profesores le enseñaron los entresijos del gabinete, cómo graduar bien, cómo utilizar a conciencia los aparatos que lo componen, cómo saber si hay algún tipo de patología y actuar en consecuencia, así como ver qué clase de medicación es la que le conviene a un cliente según los síntomas que presenta, pero la realidad es otra, no puedes diagnosticar una enfermedad, aunque sepas que está, porque no eres médico, ni puedes prescribir un tratamiento, ni puedes decirle nada a una persona que se salga de cuánto vale su gafa. Además, internet ha hecho mucha "pupa", hoy cualquiera pasa por la tienda para que le enseñes monturas que luego compra en la red, más baratas, y sin ningún tipo de control ni garantía, o se pone unas lentillas en los ojos sin un rigor óptico y sin que nadie le diga que se las ponga bien porque luego vienen los problemas, o directamente te dice que lo gradúes pero que luego irá al médico a ver la graduación que él le dice que tiene que ponerse...todas estas cosas liman a un profesional, cualquiera de los miles y miles de ópticos que, como Ramoncito, acuden puntualmente a su centro de trabajo para que les digan que no saben, que los están engañando, que en la de al lado está más barato, que le traten bien porque toda la familia tiene gafas, que algo sabrá el médico cuando ha estudiado y que ellos llevan toda la vida usando lentillas y que el óptico no tiene ni idea cuando le explica las posibles consecuencias de su mal uso.

Ramoncito está cansado, muy cansado, de ser autónomo, de ser empleado, de esperar algo de la gente que nunca llega, de sufrir el día a día encerrado en una jaula sin que vaya a ningún sitio, de desaprovechar los mejores años de su vida en beneficio de gente sin escrúpulos y de ponerse la bata para que nadie le escuche. Por esto y por mucho más, se acabó, hoy se cierra la óptica de Ramoncito, con todo el dolor de un corazón machacado por las circunstancias y ante cuyas heridas nada han podido hacer los años que lleva en esto ni las sonrisas y ánimos de la gente que ha ido a la óptica a que le atienda un profesional y a dejarse llevas por sus consejos, que también la ha habido y la habrá siempre. 

Con la puerta de la tienda se cierra una etapa de muchos años, para abrir la ventana de otras diferentes, con otras expectativas y que espera le hagan estar mejor consigo mismo y con la vida, pero lejos de la óptica.

Ramoncito quiere agradecer la atención de todos los que, le consta, se han pasado por su tienda y espera volver a veros pronto. Ahora toca vestirse de verde Esperanza para afrontar nuevos retos.  

Hasta siempre

jueves, 10 de agosto de 2017

El tornillo...

Tranquilos...que esto no va del tornillo que le falta a Ramoncito (que faltarle, le falta, y no sabe dónde está que es lo peor), sino de esa gente que acude a su óptica a que le pongan, no ya el que se le ha caído de la gafa, cosa que es fácil y rápida, y la gente sale de la tienda con un servicio eficaz y más que veloz, sino el que estaba a punto de caerse y ellos lo han sacado para venir corriendo a que se lo solucione Ramoncito.

Pensará el lector, erróneamente, que es lo mismo, pero ya les dice Ramoncito que no, y ya verán ustedes por qué:

Cuando a una persona el tornillo de la gafa se le está a punto de caer, alguna gente experta (entiéndase el típico "cuñao" "manitas" que sabe de todo, lo arregla todo y luego deja peor todo) coge un cuchillo de su casa, o cualquier elemento punzante a tal efecto y, con precisión de relojero suizo, de cirujano tipo "los que no paran de rajar", saca el tornillo de su tronera y, ahí es cuando cambia la situación, le pega un esparadrapo de potencia adhesiva infinita, y encima le da cuatro vueltas, no vaya a ser que la lente se le escape por el camino (ah, perdón, que la lente la lleva en la mano). Y ahí tenemos a Ramoncito desliando el "liote", dándole friegas de alcohol a la zona afectada, pero con mucho mimo, como las "revirás" por derecho, para que éste no le vaya a quitar el color a la montura que "tenga usted cuidado, buen hombre, que me ha costado un dineral". 

Otro de los casos más típicos, es cuando la persona, previsora, entiende que el tornillo peligra (el de la gafa) y lo saca con igual pericia que el "cuñao" sabelotodo, y le pone un alambre que tenía por casa, o un hilo de cobre que le ha sacado al cable de turno, y lo mete por la tronera no sabe Ramoncito cuántas veces, dándole más puntadas que una abuela para coser un botón, y se lo entrega a nuestro óptico con tal cantidad del cobrizo elemento que si va a pesarlo le dan más de lo que vale la gafa, seguro, (aunque "tenga usted cuidado, buen hombre, que me ha costado un dineral). Y ahí, de nuevo, Ramoncito al rescate de la aprisionada gafa, con menos aire que los costaleros de escolapios cuando las aulagas, para deshacer el entuerto y conseguir, pasada media hora larga, reponerle el tornillo al cliente y que se vaya contento, sin preguntar qué se debe ("nada hombre, qué le voy a cobrar por esto"). 

Papel de aluminio (vulgo "albal"), hilo de nylon (vulgo de pescar), cinta adhesiva transparente (vulgo "desafí"), hilo de coser (esto no tiene vulgo), y un sinfín de remedios caseros se le presentan a diario a Ramoncito. Tantas veces tiene que solucionarlos que no tiene más remedio que pensar: "si han podido sacar el tornillo, liberar al "McGyver" que llevan dentro y dejar un trabajo fino para que él lo deshaga, ya podrían haber girado el cuchillo o elemento punzante a tal efecto en sentido contrario y, en lugar de sacar el tornillo, apretarlo!!...


jueves, 3 de agosto de 2017

El médico...

La otra tarde, veraniega y calurosa como una tarde de agosto recolectando tabaco, se presentó en la óptica de Ramoncito una pareja con sus dos niños a que le graduara la vista al marido (vulgo mirar el ojo) porque había sufrido una crisis de conjuntivitis que le había provocado cicatrices y estaba perdiendo visión (esto se lo dijo la mujer a Ramoncito de retahíla, por lo que él supuso que no era la primera óptica que habían visitado y que estaban contrastando opiniones). Ramoncito le comentó a la señora que le graduaba enseguida la vista, a lo que ella le contestó deshaciéndose en halagos hacia nuestro óptico porque le ahorraba ir al médico que era una lata de colas, de citas tardías, y que era más práctico acudir al óptico que lo iban a ver igual, o mejor, que el médico y se ahorraban trámites tediosos. 

Ramoncito se dispuso a graduar al hombre, cosa que hizo, mientras que la señora casi no le deja trabajar de tanto como le siguió hablando de los médicos, de cómo estaba la seguridad social, que si colas, que si horas interminables, que si lo lejos que estaba, que menos mal que estaban los ópticos y que no entendía cómo no tenían éstos más competencias en el ámbito sanitario con lo profesioanles que son, y patatín y patatán... 

Cuando Ramoncito acabó de graduar al hombre, casi mareado de tanta charla, le comentó que tenía graduación de lejos, y que esos dolores de cabeza que presentaba y esas molestias, podían ser derivadas de la vista y no de otra cosa, y que a lo mejor era cuestión de gafas para que el ojo viera bien y descansara los músculos, antes que de cualquier anomalía clínica que, a la vista estaba, no existía. La señora, con unos ojos como dos huevos fritos de dos yemas, se quedó más parada que los mismos de Espinete y, de un tirón que casi le arranca la extremidad a su cónyuge, salió de la óptica como alma que lleva el diablo, no sin antes decirle a Ramoncito que ella ya lo sabía, que los ópticos sólo querían vender gafas y que iban a ir para ver si eso era verdad, ¿a dónde?...al médico.

martes, 1 de agosto de 2017

Agosto...

Ya ha empezado, ayer se fue Julio (no Iglesias, sino el mes, hombre!!) a darse un garbeo por los calendarios olvidados, y hoy le damos la bienvenida al mes fantasma (no por todos esos que, sin tener un duro y sin ir a ningún sitio alardean de estar todo el verano en Saint tropez), a tenor del aspecto que presentan las calles, expeditas y desoladasm, que hasta las ranas van con cantimplora.

Todos los vecinos de Ramoncito se han ido. Algunos abrían ya sólo por las mañanas desde el mes de Julio, como el frutero, o las corredurías de seguros, porque el banco llevaba con el horario de verano desde el mes de Junio, pero es que ya no queda nadie, y él es el único que resiste al calor desde su tienda. Los clientes también se fueron y, salvo detalles de última hora para irse con las gafas a punto de vacaciones, a la tienda no entra ya nada más que el sol, que hace que Ramoncito se pase sudando las ocho horas y media que dura su jornada laboral, más la propina de los olvidadizos que hacen que salga, a veces, casi una hora más tarde, pero no pasa nada, porque a Ramoncito le encanta su trabajo y lo hace con mucho gusto.

Es curioso, piensa Ramoncito, que todos los trabajadores, o casi todos, llegado este punto del año tienen modificaciones en el horario para adecuarlos a las altas temperaturas, estableciendo las jornadas intensivas para aprovechar las horas de menos calor y él, también pone el horario de verano, pero sale media hora más tarde de lo habitual, resultando un poco incongruente que él se tenga que adaptar a los buenos horarios del resto ampliando su horario en vez de que sea al revés...(esto da para otra reflexión de gabinete, aunque será en otra ocasión). El caso es que la panadera ha cerrado y, con ella, su paño de lágrimas se ha ido hasta septiembre en que vuelva con su mandil a traerle el pan para el mediodía, y pasan las horas delante del ordenador viendo cómo el sol da en todas las fachadas de los edificios, cómo la calle está desierta, y cómo, cree haber visto Ramoncito, hasta las balas de paja van de un lado a otro de la calle al más puro estilo Oeste Americano. La misma se ha convertido en uno de esos escenarios tipo "El Bueno, el Feo y el Malo", y en cualquier momento sale el Sheriff a llevárselo detenido, menos mal que el Saloon, quiere decir Ramoncito, la cafetería de enfrente echa más horas que él, y siempre hay hueco para un café con hielo que, de todos es sabido, en todos los trabajos se fuma, maestro, aunque sea Agosto...  

jueves, 20 de julio de 2017

El bofetón...

Ayer tarde entró en la óptica de Ramoncito un amigo suyo al que hacía tiempo que no veía, para ver si le podía revisar la vista (vulgo regular) ya que creía que no veía bien (esto es una cosa que Ramoncito, después de tantos años de experiencia, aún no entiende, o se ve bien, o se ve mal, pero nunca puede uno "creer que no ve bien"). Su amigo, uno de esos de la infancia que fue con él al instituto, pero que en la carrera fue por otro camino y ya sólo se cruzaban en el barrio, o sabían el uno del otro por las preguntas que sus respectivas madres se hacían en la tienda de ultramarinos, venía con sus dos hijos (perdón, un hijo y una hija, no salten las alarmas sexistas). 

La hija, una santa mujer de nueve años que tenía que acarrear, de por vida, con la dura tarea de ser la hermana mayor de un trasto, un Panzer, un rotavator (vulgo "rotabatos"), que recorría la tienda como si de un campo de batalla se tratase y el orden y la pulcritud de Ramoncito eran el enemigo. Él, el trasto, no paraba de ir de un lado para otro y tan nervioso estaba poniendo a nuestro óptico, que casi estuvo a punto de levantar la mano y darle un bofetón, pero se acordó enseguida de que eso no puede hacerse ahora, e inmediatamente guardó la "zarpa".

Obviamente, estaría mal visto que Ramoncito le diese un bofetón al hijo de su amigo, por muy trasto (y lo era) que este fuera, ya que eso es labor de sus padres, pero lo que un óptico de mediana edad no entiende es que a un hijo propio no se le pueda dar un buen guantazo (sin guantes) a tiempo porque se le pueden crear traumas o, incluso, el niño puede denunciar a su progenitor. Él, Ramoncito, criado a la antigua usanza (a saber, patadón y tentetieso) en un colegio de curas en los que la educación llegaba después de la regla del sacerdote en la parte del cuerpo donde cayera, no le cabe en la cabeza semejante atrocidad, ya que a él, no sólo los curas, sino sus padres, que les decían a aquellos que tenían su total permiso para darle una bofetada si se terciara el caso, no tituteaban a la hora de corregir el camino de nuestro óptico a base de tortas (y no precisamente de manteca). 

Él acabó sus estudios con buenas notas, terminó su carrera, y es una persona educada y correcta porque de eso se encargaron sus padres, sin importar si, para ello, acabó con la cara y el culo (Ramoncito se niega a poner otra acepción a lo que no lo tiene) "coloraos" como la antes mencionada manteca, y acabaron así, de hecho, cada vez que contradecía a su padre, le contestaba a su madre, le hacía la vida imposible a sus hermanos, faltaba a clase, o no se sabía la lección, incluso si no hablaba de usted a sus compañeros de colegio o no se ponía de pie cuando entraba en el aula una persona.

En estos tiempos, que más que correr, vuelan, Ramoncito ha visto cómo los bofetones se han ido sustituyendo por buenas maneras, palabras dulces (que al niño le entran y salen al mismo tiempo), diálogo y paparruchas varias, que han llevado a este país a tener la denominación de origen del "nini", por no haber dado un tortazo a tiempo. Esto se va a pique, piensa Ramoncito, falta mucha "mili"y más guantazos, y así se evitarían casos como los del niño de su amigo, que le acaba de romper una "Cartier" de 490€, a pesar de que su madre, sentada y con el "hola", le ha repetido hasta la saciedad, con muy buenas palabras: "nene, no se toca nada..."

Lo dicho, un buen bofetón... 

martes, 18 de julio de 2017

Ay, Señor, Señor...

Cliente: "Hola buenas tardes"

Ramoncito: "Hola, ¿en qué puedo ayudarles?

Cliente:"verá, quiero comprarles cien pares de gafas, pero de las caras, que las baratas no me gustan"(broma, hay que reírse, ja-ja-ja)

Ramoncito: (haciendo caso omiso al señor humorista y centrándose de nuevo en la pregunta) "hola, ¿en qué puedo ayudarles?

Cliente: Pues verá, me compré esta gafa en los "m...s" (Ramoncito omite la palabra que dijo ella para no herir sensibilidades y evitar que le cierren el negocio por retrógado) y vengo a que me pongan el tornillo.

Ramoncito: "Pues ya que lo siento, señora, pero va a ser imposible, porque no tengo esos tornillos"

Cliente: (enfadada) ¿pero "esto" (tono despectivo hacia el sitio en el que está) no es una óptica?

Ramoncito: "precisamente por eso, señora, porque este es un establecimiento de óptica no puedo servirle, ya que esas gafas no son de óptica, y no tenemos los repuestos necesarios".

Cliente: (sacando de la bolsa verde de plástico (véase esta otra entrada) otra gafa) "pues ésta, que la compré aquí, sí tendrá arreglo"

Ramoncito: En efecto, lo tiene, lo que no tiene es garantía, ya que la gafa está rota y eso no lo cubre el fabricante, tiene que pagar la reparación, que es de "x" euros.

Cliente: (más que enfadada, Ramoncito diría que echando sapos y culebras por la boca) Pues mira tú que bien, con el DINERAL (gafa de oferta, precio irrisorio) que me costó la gafa y que no tenga garantía, cuando se ve claramente que no es mal uso, me parece una barbaridad, así que sepa que ha perdido usted una buena cliente (sólo ha comprado esa gafa) y que la próxima gafa me la compro en el mercado, que visto lo visto, es lo mismo...

Ramoncito: (ojIplático) Ay, Señor, Señor...

jueves, 6 de julio de 2017

loco...

"No va a salir, no, pero si saliera, uuuuy, si saliera....No, sí, (cantando) fumando espero, al hombre que yo quiero, y mientras fumo,....eso, el tabaco de Jonathan, ay, Jonathan. No, de Jonathan no, de Kennedy, sí, Kennedy, que tenía una mujer de Onassis, petróleo, cuidado con un hombre y el petróleo, que los hombres nacen de un charco de sangre porque los niños no se pueden colgar en el ropero, que les da miedo. Las mujeres, no, cuidado, ellas nacen de un gargajo, nobles y fuertes, los hombres son tunos, tú (señalando a Ramoncito) te pareces a Leonardo "davichi", que era muy tuno. 

Cuidado, no vayas a ser como el de la cresta, el padre cali, que viene de los pájaros, uuuuyy, los pájaros, la cresta, no. Mejor ser del suelo, fuera del charco de sangre...cuidado, cuidado, los niños lloran, no les gusta el ropero"....

Y se fue...Ramoncito se quedó como después de haber leído una carta en un restaurante chino en Pekín, vamos que no pilló ni moscas. La mujer no sabe si estaría o no cuerda, pero él se quedó "tó" loco...