Nota del autor

Todo lo expuesto en este blog corresponde, sólo y exclusivamente, a la inquieta mente de su creador, por lo que, cualquier parecido con personas y/o situaciones reales, es sólo producto de la casualidad.

martes, 2 de mayo de 2017

"Llego tarde"...

A Ramoncito, lo que más le gusta en esta vida es que le estén esperando en la puerta de la óptica, cada mañana, instándole a que abra rápido (es decir, todo lo rápido que se puede quitar los topes de seguridad del suelo, levantar la persiana, abrir la puerta de entrada, colocar las macetas que sirven de adorno, quitar la alarma y salir con la mejor sonrisa a atender al madrugador cliente, sin bata y despeinado) porque tiene muchas cosas que hacer esa mañana y llega tarde.

A saber, un jubilado de ochenta años con la gafa metida en un mohoso papel de cocina en el que, con primor de relojero, ha puesto el oxidado tornillo que ayer se le cayó otra vez porque, ¡hay que ver qué malas me han salido estas gafas!, no creo yo que tenga muchas cosas que hacer, más aún cuando, al salir, se sienta en el banco a esperar al sol y a los compadres.

Pero este no es el caso que nos ocupa, a Ramoncito ese día le esperaba en la puerta una señora cargada con silletas, cubitos, sombrilla, nevera y una niña "repelentilla" que no paraba de decir "¿cuándo nos vamos?" "¿cuándo no vamos?" "¿cuándo nos vamos?" con repetitiva insistencia, y a la que se le había caído una plaqueta (vulgo "gomilla" que apoya en la nariz y que se cae mucho porque ¡hay que ver que malas me han salido estas gafas!). Ramoncito, muy educadamente, le estaba comentando a la señora que se esperara un "momentito" que tenía que hacer todo lo que he expuesto antes de la alarma, la puerta...y enseguida la atendía. La señora no entendió el motivo por el que tenía que esperar y, muy subida de tono, empezó a decirle que no iba a venir más a la tienda, que el servicio era malísimo, y que tenía mucha prisa mientras que, en un alarde de precisión de movimientos, agarró con un brazo la sombrilla, con el otro las silletas, la nevera, los cubitos y a la niña, todo a la vez, y salió por la puerta como alma que lleva el diablo...llegaba tarde.

Obviamente, el servicio fue malo, la señora no volvió más (pero porque nunca había venido antes) y Ramoncito todavía tiene la cara de asombro que le causó la señora que no podía esperar a que abriera, porque necesitaba urgentemente su "gomilla" que apoya en la nariz y que se cae mucho porque ¡hay qué ver que malas me han salido estas gafas!, ya que llegaba tarde para leer el hola en la playa...

N del A: las opiniones y hechos aquí relatados son estrictamente producto de la imaginación del autor y en ningún caso se corresponden con la realidad. Cualquier parecido con ella, por muy fidedigno que parezca, es pura coincidencia.

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