Nota del autor

Todo lo expuesto en este blog corresponde, sólo y exclusivamente, a la inquieta mente de su creador, por lo que, cualquier parecido con personas y/o situaciones reales, es sólo producto de la casualidad.

martes, 16 de mayo de 2017

¡niño, no se toca!...

La otra tarde entró en la óptica de Ramoncito una madre con sus tres hijos, dos mellizos de unos tres años, y una mayor de unos cinco. Nada más entrar, la mamá, intentando ser entendida por sus vástagos, se deshizo en gesticulaciones y órdenes para que los niños no tocaran nada de lo expuesto, que no era poco.

La madre le comentó a nuestro óptico que hacía tiempo estaba notando que no veía bien de cerca, por lo que éste la pasó al gabinete, labor que se ralentizó bastante ya que, por cada pregunta que Ramoncito le hacía a la paciente, ésta pegaba tres vocinazos dignos de Johnny Weissmüller para hacerles notar a los niños su deseo de que no tocaran nada.

Los niños,en cambio, como tales, a lo suyo, de acá para allá saltando, metiéndose entre los escaparates, cogiendo las gafas de un sitio, poniéndolas en el que ellos consideraban era mejor, y no el que tenía, preguntando "¿esto qué es?" cuando ya lo sostenían, en equilibrio, en la mano, a lo que, una vez más, la madre, gritaba y se desgañitaba en un esfuerzo inútil, aunque insistía en ello..."¡niñoooo, no se tocaaaa!"; pero nada, como si de Pedro Picapiedra se tratara, se golpeaba una y otra vez contra la puerta mientras el nombre de Vilma retumbaba en vano. Ramoncito, el Job de la óptica, se esmeraba en hacer bien su trabajo intentando aconsejar a la madre que tuvo que soportar, incluso, que uno de los mellizos le arrancara literalmente la gafa de la cara con un "¡qué fea estás!" que hizo sonreír a nuestro protagonista. 

Al final, la madre, desesperada, no se llevó la gafa, emplazándole en el mismo sitio (Ramoncito sí estaría) otro día que viniera más tranquila, y se marchó, dando el último berrido cuando la mayor de los hermanos, empujada por el otro mellizo, se precipitó contra las macetas de la entrada volcándolas sobre la acera que, Ramoncito, había enlucido, mira tú que plan, por la mañana. Ciega de ira, la madre cogió a los mellizos de un puñado y se perdieron de vista, mientras Ramoncito contemplaba el campo de batalla en el que se había convertido su tienda, que ni una ludoteca en hora punta tenía parangón con lo que se presentaba ante sus ojos. Gafas por doquier, esparcidas, sin etiqueta, "flyers" de publicidad desordenados y caídos en el suelo, las bolsas cambiadas de sitio, puertas abiertas, estuches tirados,...en fin, la hecatombe, "homérico", que diría el pequeño coprotagonista de "un hombre tranquilo" al contemplar la escena de la cama. Menos mal, se dijo para sí Ramoncito, que...¡niño, eso no se toca!, y no habían tocado...    

N. del A: los temas que ilustran esta entrada sólo corresponden a la mente del autor y no a hechos reales, por lo que, cualquier parecido con personas o situaciones de la vida real son mera coincidencia.

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