Nota del autor

Todo lo expuesto en este blog corresponde, sólo y exclusivamente, a la inquieta mente de su creador, por lo que, cualquier parecido con personas y/o situaciones reales, es sólo producto de la casualidad.

jueves, 29 de junio de 2017

Su alegría...

Ramoncito está fatal
que con el calor que hace
la gente lleva disfraces 
cual si fuese carnaval.

Una chica con sombrero
de un color indefinido
y a su cuerpo, adheridos,
tiene los "shorts" sobaqueros.

No será él quien proteste
por las modas de las nenas
pero es que, tras la melena,
¡se ven hasta los cachetes!.

Dejan ver más piel que tela
en su dispar vestimenta,
¡no las mires!, (se violentan),
pero muestran la "rayuela".

Gastan en fondo de armario
los ahorros de diez meses,
luego "pá" ver que ponerse
tiene que hacer inventario.

Así salen de paseo
enseñando lo que tienen
Ramoncito, como es feo,
mirándolas se entretiene

Pero lleva ya unos días
que le tiembla la gomina
contemplando las "bambinas"
que no ocultan...su "alegría".





martes, 27 de junio de 2017

Pluriempleo...

Ramoncito es pluriempleado. Si bien su carrera universitaria le habilita en todo el territorio nacional para ejercer de "vendegafas" (a saber, óptico-optometrista diplomado por la universidad de tal y cual), la realidad es bien distinta, ya que nuestro protagonista tiene varios empleos derivados del primero y a tiempo completo.

Ramoncito es operario de limpieza, ya que deja como los chorros del oro no sólo la óptica, con su cepillo, mopa y fregona, sino también la acera de la calle donde está su puerta, ya que la comunidad de vecinos se desentiende (aunque sí cobra), usando para cada tipo de suelo sendas fregonas, así como plumeros, trapos y productos para la madera y los cristales, que como ya dijo en otra entrada, un óptico es como la R.A.E, "limpia, fija y da esplendor").

Ramoncito es escaparatista (colocando uno diferente para cada época del año, navidad, san Valentín, "halloween", verano, primavera, Semana Santa,...) o cuando quiere darle un cambio porque las gafas están muy vistas. Pero es también informador de turismo, porque siempre vienen preguntándole dónde está la asesoría, la panadería, el banco, la clínica de los permisos de conducir,...Es psicólogo, pues no pocas veces alguna cliente se le echa a llorar necesitando de él que la escuche, y la apoye, y la comprenda. Es montador de gafas, reparador de las mismas, farmacéutico (siempre hay gente que le dice: "niño qué me pongo, que tengo el ojo rojo y no quiero ir al PTS (no entiendo porqué)). Médico (tiene que saber todas las enfermedades del ojo pero no puede diagnosticarlas, que para eso están los facultativos). 

De vez en cuando, ejerce de custodio de enseres (niñico!...te dejo la compra aquí que voy a por el pescado y no quiero cargar con ella, aunque lo más gracioso es que no es ni cliente). Educador infantil (que algunos especímenes son de cuidado), agente inmobiliario (¿no conocerás a alguien que venda un piso por esta zona?), policía local  (más de una vez ha tenido que salir a la puerta a parar el tráfico para que alguna cliente mayor pueda cruzar la calle sin jugarse el tipo), economista (que está la cosa "mú" mal y hay que llegar a fin de mes como sea), cuidador de perros, (¿Puedo entrar con el perro? y ya lo deja suelto mientras ven gafas y él tiene que cuidar de que no hagan trastadas por la tienda), fotógrafo ("¡házme una fotico que se la envíe a mi madre para que me diga cual me queda mejor!"), etc.

Como veis, no es poco el trabajo que se le viene encima a Ramoncito cada vez que abre la tienda, por suerte, tiene dinero de sobra en el banco porque, como seguro sabéis, los ópticos son todos millonarios.

jueves, 22 de junio de 2017

día de piscina...

Cierto Domingo, que es el día del Señor (y del señor óptico), Ramoncito decidió, para combatir la "caló", sacarse una entrada en la piscina y pasar el día ganduleando, que para eso está uno trabajando de Lunes a Sábado.

Se levantó temprano, preparó su mochila con todo lo necesario para un día de piscina, a saber, crema del 50 para toda parte del cuerpo a la que no le afecte el "moreno" albañil (dicho sea esto sin menosprecio alguno al gremio, hombre por Dios), y del 20 para el resto, brazos, piernas y cara, que se le ponen como el del África tropical que trabajando cantaba la canción del Cola Cao de ir al trabajo "bajo el sol de la costana". Un bocadillo de alcachofas con mayonesa (eso no es condición "sine qua non", pero a él le gusta mucho), latas de cerveza de marca, patatas fritas, y toda suerte de encurtidos, y algo de dulce por si le apetecen a mediatarde, que un día es un día. Una hamaca para dormir la siesta, y su toalla mullida para echarse sobre el césped a tomar el sol, y allá que se fue camino de la piscina, de un contento que ni Javi el de Verano Azul cuando ve a Bea.

Cuando llegó, se quedó perplejo al percatarse de que el césped se había evaporado, y tenía más calvas que el área visitante del Viejo los Cármenes, por lo que la toalla mullida le iba a servir de poco, todo lo más para apoyarla en la hamaca a modo de almohada. Con la sequía, los árboles había sufrido mucho y hubo que podarlos, por lo que las zonas de sombra era pocas, así que la crema del 50 iba a ser necesaria incluso en las partes cubiertas por el moreno antes mencionado (sin menosprecio del gremio), y la mayonesa, merced al solano, se había transformado en nata líquida, chorreando por todo el bocadillo que no había por donde cogerlo. Se lo comió como pudo, llenándose hasta los codos como si sacaras un paso en junio (esto lo sabe porque un amigo suyo es muy capillica y se lo ha contado varias veces) teniendo que quitarse la grasa tirándose de cabeza en la piscina, cosa que le valió la justa reprimenda del socorrista, si es que merece ese calificativo un semihombre con la cara llena de espinillas y voz cambiante de graves a gallos. 

Más que cabreado, se dispuso a echar la siesta a la sombra de la silla del socorrista, cuando una familia muy maja con diez matrimonios, de abuelos a nietos, y treinta bisnietos, deciden amenizar la velada de los bañistas a grito "pelao", emulando a sus cantantes favoritos, todos ellos premios Grammy, llenando el ambiente de no sé qué hierba terapéutica, y es que debían estar muy malos, porque la niebla era espesa a su alrededor, en pleno Junio. 

Al final, ni relax, ni descanso, ni nada, se pasó la tarde intentando que los bisnietos no le pisaran la cabeza en sus mil y una corridas agarrando los unos las trenzas de las otras, y bañándose con un ojo en el agua y el otro en la hamaca, con el consabido esfuerzo de la musculatura extrínseca del ojo, que de esto Ramoncito sabe un rato.

Llegado a su casa, disfrutó de una cena silenciosa y juró y perjuró que la piscina, a partir de ahora, en Sancti Petri...

N. del A: Todo lo vertido en este post es sólo producto de la mente del autor y no se corresponde con situaciones ni personas reales.

martes, 20 de junio de 2017

¿aquí gradúan la vista?...

Hay días en los que Ramoncito se alegra de haber estudiado óptica, aunque haga tanto tiempo que ya ni se acuerde, cuando la gente le demuestra el cariño y el afecto que sienten por él, derivados de los años que lleva en el oficio. esos días le dan fuerzas y a ellos se agarra como un clavo ardiendo cuando llegan esos otros en los que le dan ganas de bajar la persiana para siempre y no venir más, porque hay qué ver la de gente que entra por la puerta de Ramoncito, que no se sabe si los han sacado de una película de Summers (no los veranos en británico, sino el cineasta español que tantos momentos buenos nos dejó, con su fino humor y su ironía), de un circo, o de la caverna de Platón. 

Esos días él es feliz, entre sus gafas, sus lentillas, sus albaranes, y hasta limpia el polvo con más salero, que ni Gracita Morales oiga, cuando la gente que entra se deja aconsejar por él, y se va diciendo adiós (que eso no siempre ocurre), o vuelve a su casa segura de haber sido informada correctamente de sus dudas, o de haber resuelto satisfactoriamente sus problemas. Sí, hay días maravillosos en la óptica de Ramoncito, en los que las horas pasan sin mirar el reloj y la persiana se cierra, como digo, pero con la seguridad de que va a ser abierta la mañana siguiente con más énfasis, con más ánimo y con más ganas que la jornada anterior...sí, esos días suelen ser todos, ya que Ramoncito siempre abre emocionado y con ganas pero, por desgracia, las ganas se le van cuando la típica señora cargada de bolsas del mercadillo (aunque sean de de Zara), llega para que le "asuste" la gafa y le pregunta soprendida (versión "emoji" del whatsapp con los ojos como platos):

"ah, pero...¿aquí graduáis la vista?....

martes, 13 de junio de 2017

tú eres un empleado...

La otra mañana, Ramoncito se afanaba en esa otra labor que tiene ocupado al óptico durante casi toda la jornada, ya sabéis, sacarle brillo y lustre a las gafas expuestas y al mobiliario, cuando una madre con su hija entraron para que les enseñara unas gafas de sol. Ramoncito lleva ya muchos años en su emplazamiento, por lo que es lógico pensar que tiene amistades entre sus clientes, y algunos transeúntes que, a fuerza de pasar por la puerta todos los días, se van convirtiendo en amistades, algunos, incluso, en clientes de toda la vida ("trátame bien, que soy cliente", ya me entendéis...). este es el caso que nos ocupa. La hija, muy dispuesta a comprarse unas gafas de sol que había visto en el escaparate, por lo que Ramoncito tuvo que hacer un esfuerzo memorístico y de reconstrucción digno de C.S.I Miami, hasta que, al fin, dio con la gafa quedando la chica más que contenta. 

Pero ella (la chica) no es lo que sorprendió a Ramoncito, sino la actitud de su madre, que hizo a nuestro óptico quedarse de nuevo Ojiplático Estupefacto (véase esta entrada y la referencia a los apellidos que Ramoncito debería tener). Ella, muy tranquila, se dirigió a él para preguntarle que si el precio que acababa de pagar por unos progresivos (vulgo "cristales de esos para ver al lejos y al cerca") en la óptica de al lado, ya que "ella siempre compraba ahí, no es por nada, es que él es el propietario y tú sólo un empleado, el día que montes tu óptica yo te compraré a ti, no te preocupes", era lógico o disparatado; ante lo que, otra vez sin respuesta y entumecidos los huesos por el aturdimiento provocado por la frase, sólo acertó a pensar: "entonces, ¿para quién he estado trabajando yo todo este tiempo, si monté esto hace una burrada de años, cuando tenía pelo y aún estaba de "toma pan y moja"?...

La chica se llevó sus gafas, la madre no obtuvo de Ramoncito una respuesta que quisiera oír, y éste, aún se está pellizcando las piernas por dentro del bolsillo para ver si está despierto, o sigue dormido y sólo ha sido un mal sueño...

N. del A: los temas que ilustran esta entrada sólo corresponden a la mente del autor y no a hechos reales, por lo que, cualquier parecido con personas o situaciones de la vida real son mera coincidencia.

jueves, 8 de junio de 2017

de conversaciones cortas...

Hay veces en las que este negocio sorprende a Ramoncito, pero sólo ocurre muy de vez en cuándo, aunque cuando sucede, se le abren los ojos a nuestro óptico que parece que se ha tragado un tarsero filipino. Y es que hay clientes que no saben a lo que vienen o, si lo saben, lo disimulan muy bien. Si no, juzguen ustedes la conversación que Ramoncito tuvo cierto día con un hombre con una espalda como la pared de la cueva de altamira, por lo grande y por lo tatuada:

-"Buenas tardes.
-Hola buenas tardes.
-Venía a echar un vistazo a ver las gafas de sol
-Muy bien, si le hace falta algo...
-Una preguntilla ¿cuánto valen los cordones?
-Estos tanto, y aquellos cuanto.
-Vale, ¿gafas de R...-B... transparentes tienen?
-no, hay que encargarlas, van con lentes graduadas pero sin graduación (vulgo no tiene ná en la vista) 
-vale, pues ya le digo a mi hijo que se pase.
-chin pon".

Después de esto, gran suspiro y a seguir con la tarea...


martes, 6 de junio de 2017

¿me quedan bien?...

Ya son más de las diez, y Ramoncito está inmerso en su rutina laboral; a saber, "limpiar, lucir y dar esplendor", como reza el lema de la RAE (vulgo las personas que dicen las palabras), y que él recuerda cada vez que abre la tienda cuando, plumero en mano, se presta a sacarle el polvo a los muebles de la misma que, de tener las puertas abiertas, se suelen llenar todos los días. 

Uno de los momentos que más le gusta a Ramoncito es este de la limpieza, sobre todo cuando se sale a la puerta y barre la acera ya que, a la misma hora, sale Rosa (véase "la merienda ") a hacer lo propio en la tienda de ultramarinos y él se entretiene con la animada charla. 

Rosa es una mujer morena, voluptuosa, con una larga melena que lleva siempre recogida en un moño y una profunda mirada oscura, de esas que te taladran el alma cuando la miras, y a Ramoncito le gusta hablar con ella, no por nada del otro mundo, sino por la agradable conversación que siempre tiene la muchacha. Ella le ha recordado a Ramoncito, al verla con su vestido de hoy, aquella vez que una mujer de mediana edad le sacó los colores cuando sólo era un jovenzuelo asalariado en una óptica de pueblo...

Llegaba la mujer a la óptica con los rigores del verano en su cuerpo, es decir, el vestido corto y ligero, muy escotado, que se ceñía un poco al talle y al busto merced al sudor que había empezado a brotar, sin prisa pero sin pausa, provocando que la suave tela se adhiriera a su cuerpo como lo están las cosas envasadas al vacío. De esta guisa, y con un abanico espoleado a velocidad vertiginosa, se presentó la mujer, atractiva ella con conocimiento (sabía que era guapa y hacía ostentación de ello), ante nuestro asombrado óptico que no sabía ni por dónde le venía el saludo. 

Tras informarle de que quería unas gafas de sol que le quedaran bien, Ramoncito, tímido hasta decir basta, le fue mostrando el género sin mirarla a la cara, mientras ella ampliaba la sonrisa, suavizaba el tono de voz hasta hacerlo meloso, y agradaba en exceso a nuestro amigo, que ya no daba pie con bola; al final, el rigor del verano hizo, también, mella en él, y ya iba a romper a sudar mientras se atribulaba cogiendo el estuche, la gamuza (vulgo trapito para limpiar las gafas) y todo lo que lleva aparejada la venta de una gafa. La mujer, segura de sí misma, jugando en casa, satisfizo el importe acordado, y ya se disponía a marcharse para respiro de Ramoncito cuando, en un gesto rápido se acercó a él, se colocó las gafas en ese lugar del cuerpo al que los hombres siempre niegan haber mirado (vulgo canalillo) y, mirando fijamente a nuestro nerviosísimo óptico le espetó: "pero de verdad...¿me quedan bien?", tras lo que se marchó orgullosa, divertida y atractiva, dejando a Ramoncito lo mismo que una bandeja de flanes...

N. del A: En ningún caso los personajes expuesto en este post se corresponden con otros que puedan parecer reales. Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.