Nota del autor

Todo lo expuesto en este blog corresponde, sólo y exclusivamente, a la inquieta mente de su creador, por lo que, cualquier parecido con personas y/o situaciones reales, es sólo producto de la casualidad.

martes, 4 de julio de 2017

el día de las gafas "güenas"...

El día de la semana que más le gusta a Ramoncito es el del mercadillo del municipio. Ese día, que es el del "compro todo barato" y todo vale, la gente va a comprar hasta las naranjas, que se ve que el resto de la semana no se pueden comprar, ni incluso en las fruterías que, al efecto, han habilitado sus respectivos dueños. 

En el mercadillo se vende de todo, desde refrescos a millón, ya que la criatura que lleva el carrito de neveras de playa llenas de latas fresquitas bajo un sol de justicia, tiene que hacer el agosto en Diciembre, Enero, Febrero...hasta la ropa interior que pregonan las vendedoras especializadas con su eterno pregón, igual en cada una de las provincias en las que, diariamente, se coloca el puesto..."¡bragas a "ero", señora!", "ropa del pulbéh", "bresqua"...etc, etc. 

Es divertido ver cómo viene gente que Ramoncito no ha visto en la vida, pero empieza a serle familiar de verla, siempre a la misma hora, camino del mercadillo. Los niños combaten el hambre y la obesidad con gigantes bolsas de "chanchitos" de color naranja que adquieren como si no hubiera un mañana y devoran como si no hubiera un mediodía, mientras que los padres hacen lo propio con las aceitunas gordales aliñadas quién sabe de qué forma y despachadas en bolsas de plástico que, de la humedad, enseguida se opacifican con el vaho. 

Pero a Ramoncito las que me las gustan son esas personajes de la Jet-Set del pueblo (haberlas  háilas, oiga, como las meigas), que juran y perjuran no comprar en el mercadillo nunca, pero luego las ves en él adquiriendo gangas e introduciéndolas, sabiamente, en las bolsas de otros centros de la moda (de más reconocido prestigio) para que la gente no sepa que han comprado allí pero, eso sí, la cara no se la tapan...incongruencias de la vida que Ramoncito no entiende pero le divierten. 

Casi al final de la jornada, a eso de las 13:15h de la tarde, cuando Ramoncito está a punto de cerrar e irse a descansar, comienza el desfile de modelos en sentido contrario, esto es, descendente, cargados de bolsas verdes de plástico lo suficientemente transparentes para dejar ver que hay algo dentro, lo suficientemente opacas para que no se vea lo que es (que piensa Ramoncito que hay qué ver la ingeniería que hay detrás de este diseño, que ha debido hacer de oro a su creador, porque la patente debe dar dinero, a juzgar por la de mercadillos que la tienen), y es cuando empiezan a entrar a en la óptica a que él compruebe las gafas que acaban de adquirir a un precio justo (no el de Joaquín Prats, sino el del puesto del mercadillo) que los ópticos son todos unos ladrones porque las gafas son muy caras y las mismas (pero las mismas, mismas) las tienen baratísimas más arriba...y, Ramoncito, con la mejor de sus sonrisas, le dice a cada uno de los modelos que no hace falta comprobar nada, que se las pongan y las disfruten, y que si algún día les duele la cabeza, bien porque se las ponen y se marean, bien porque de colocárselas de felpa el sol les ha hecho una calva, que le pida explicaciones al del mercadillo que se las vendió, baratísimas, el día de las gafas "güenas"...

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